
Diez años después, tras toda esa muralla de mentiras, cazas de brujas, intoxicación mediática y ataques rabiosos de las cavernas mediáticas, que nunca lograron vencer el ánimo y la solidaridad de los que siempre creímos en Su Ta Gar, en su ejemplo de honestidad, de compromiso, de lealtad a sus seguidores, de coherencia con sus ideas y sobre todo, en su profesionalidad y en su entrega como grupo encima de un escenario, pudimos vivir en la noche del pasado viernes 4 de noviembre una nocherealmente fabulosa. Derribado ese muro de mentiras, de demagogias y de falsedades, Su Ta Gar volvieron a tocar en Madrid ante el calor, el apoyo y el afecto de quienes -yo entre ellos, lo digo sin reserva alguna- somos sus fans y deseábamos volver a disfrutar en esta villa capitalina de sus espectaculares conciertos.
Como periodista, quizá debiera en este artículo ejercer de tal, y hablar de lo que fue el concierto a nivel técnico, cuanta gente entró, como estuvo el grupo en lo que se refiere a la fuerza con la que tocaron sus temas, en otras palabras, lo que debe ser una crítica periodística. Pues perdonadme, pero hoy no lo voy a hacer. Lo que quiero en estas líneas, antes que redactar una crónica -hay compañeros ya encargados de eso- es transmitiros otra sensación, mucho más subjetiva si quereis, lo reconozco, pero profunda y radicalmente sincera. Lo que quiero en estas líneas, en la medida de lo posible, es transmitiros la sensación de energía, de intensidad, de potencia que mis amigos eibartxarras nos dispararon desde arriba del escenario, y como disfrutamos de la fuerza de su actuación, que fue descomunal. A nadie que le guste el auténtico Heavy Metal en vivo,
debe perderse nunca una descarga de Su Ta Gar. Vi el concierto desde muy cerca del escenario, y puedo aseguraros que se podía ver en sus caras la satisfacción que también suponía para ellos que en Madrid se les recibiera con ese afecto y ese entusiasmo, impresión que corroboré cuando después del concierto, tuve oportunidad de charlar con ellos. Especialmente emotivo recordaré siempre el momento en el que Aitor hizo mención a la situación en la que vivimos hoy, en el que se ha abierto por fin un camino para la paz en Euskalherría, y como ello les llenaba de esperanza y optimismo a ellos como vascos nacionalistas de izquierda, esperanza que comparto plenamente con ellos.
Un experiencia sensacional, un reencuentro por fin en mi ciudad con unos amigos entrañables, unos músicos a los que que admiro tanto por su dureza, su contundencia y su brutalidad en directo como por su personalidad y su actitud en este venenoso mundo del rock business y que me ha dejado con un monazo tremendo de volverles a ver...
Jo Ta Ke, Irábazi Arté!!




