martes, 27 de octubre de 2009

DROGAS Y ROCK´N´ROLL: MITOS Y REALIDADES (1)

Guns N´Roses se encontraron un día a si mismos bailando con Mr.Brownstone, Rush viajaron en el Expreso de Tailandia, Alice In Chains rezaron al dios Smack, Nikki Sixx y Motley Crue buscaron -y encontraron- algo para sacudir su corazón (“Kickstart My Heart”), Obús se pasaban las rayas por la punta de la nariz… ¿a que se referían? ¿de qué estaban hablando?
Pues sencillamente, hablaban sobre drogas.
Sexo, Drogas y Rock´n´Roll no fue solo un slogan de los años 70. Fue tambien el modo de vivir, la forma de ser y la manera de funcionar de muchos músicos y muchas bandas de rock desde los comienzos en los años 50 hasta la actualidad. Bien fuera como un elemento potenciador de la actividad en directo, como un desinhibidor, para estimular la creatividad o para sobrellevar las tensiones y presiones que conlleva a determinados niveles estar en el negocio del rock, las drogas de cualquier clase siempre han estado ahí, -sería hipócrita intentar negarlo- y para bien o para mal, han formado siempre parte del mundo del rock, de su cultura y de su naturaleza. Así que en esta nueva serie, os iré explicando bajo mi punto de vista los factores que yo creo determinantes de esa relación entre rock y drogas, así como algunos testimonios muy significativos.

“Los deseos del Hombre están limitados por sus percepciones. Nadie puede desear lo que no ha percibido.”, decía William Blake. Sería de entrada un error creer que solo en el mundo del rock es donde las drogas han tenido o tienen a sus mayores consumidores. Histórica y documentalmente esta probado que las hojas de coca que masticaban los indígenas de las civilizaciones precolombinas en Sudamerica, especialemente los incas, era un elemento fundamental de su dieta para acumular más energía de cara a trabajar en la construccion de las pirámides y los grandes monumentos de aquellas culturas. Las propiedades curativas de las sustancias derivadas de las plantas opiaceas fueron utilizadas por médicos de Asia Menor, Egipto y Grecia, e inclusive los griegos fueron quienes propagaron su uso por Persia y la India. En la Edad Media, los soldados de las Cruzadas introdujeron los opiaceos en Europa, y varios tratados de la Edad Media Tardía se refieren a los opiaceos como “maravillosas sustancias que fortalecen el animo de los soldados contra la fatiga y producen una sensación de gran bienestar”.

En el mundo de las letras, quizá a muchos les sorprenda saber que William Shakespeare esta hablando de las drogas cuando pone en palabras de Yago sus referencias a “la amapola, la mandrágora y todos los letárgicos filtros del mundo”. En la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII, drogas como el láudano (un derivado del opio) no solo se podía adquirir fácilmente en cualquier farmacia, sino que era más barato que el tabaco, la ginebra o la cerveza y su consumo no estaba socialmente mal visto ni asociado a conductas marginales. No es de extrañar, por tanto, que escritores de finales del XVIII como Samuel Taylor Coleridge o Thomas de Quincey se declarasen consumidores de opio y que los efectos que su consumo producía en ellos estén presentes en numerosos fragmentos de sus obras. Sin perjuicio de su contenido, claramente apologista en el uso de estupefacientes, ‘Confessions Of An English Opium Eater’ sigue siendo una obra de culto absoluta en la historia de la literatura inglesa, mientras que S.T. Coleridge (autor del poema “Rime Of The Ancient Mariner”, sobre el cual Iron Maiden escribieron su famosa canción del álbum “Powerslave”) y el mismísimo Edgar Allan Poe, figuras de maxima categoría en las letras británicas escribieron muchos de sus mejores relatos y poemas bajo la influencia de derivados opiáceos.
Paralelamente, en la poesía francesa del siglo XIX, Baudelaire y Rimbaud cantaron y alabaron la extraordinaria nueva percepción de la realidad que las drogas les proporcionaban, mitificando incluso el submundo de la marginación, de los vicios, del París bohemio y canalla del Absenta, reflejando en su vocación de “malditismo” una clara manifestación de la irrupción de las filosofías irracionalistas. El irracionalismo, que será una importante corriente de pensamiento en el siglo XX, y a la que está íntimamente unida, por ejemplo, toda la concepción de la vida del movimiento hippie no busca la verdad, sino una experiencia psicológica, un estado físico y mental nuevo, que tenga como objetivo el disfrute de la vitalidad máxima, del placer máximo y de la serenidad máxima, que no excluye, sino que al contrario, potencia el uso de estupefacientes para abrir los sentidos a otra clase de percepción de la realidad. En ese contexto filosófico es donde nacerá toda la llamada “contracultura” de los años 60, que tuvo como principales ejes de desarrollo las drogas psicodélicas como elementos transformadores de la conciencia y creadores de una nueva realidad, y el rock como medio de expresión y como lenguaje.
Sin retroceder tanto en la historia, en la música contemporánea, ya figuras del jazz del relieve de Charlie Parker o Miles Davies, usaron con frecuencia diferentes drogas para componer y para tocar en directo entre finales de los 40 y comienzos de los 50, mientras que importantes y conocidos cineastas, pintores o dramaturgos –Artaud y su adicción al láudano es el caso más conocido- de eran conocidos adictos a diferentes drogas. Es decir, las drogas nunca han formado parte exclusiva del estamento rockero; a lo largo de la historia, en las más diversas circunstancias y situaciones, y en los más diferentes ámbitos geográficos, las drogas han formado parte de las costumbres, tabúes, problemas o usos de cada sociedad, exactamente igual que ocurre en la sociedad occidental post-industrial del siglo XXI. No las inventó el rock, aunque en parte sí las incorporase a su legado y sobre todo, a su leyenda.
Hecha esta introducción histórica, en una próxima entrada el tema central será la influencia de las drogas en todo lo que se llamó la "contracultura" y en el rock de los años 60.