miércoles, 24 de diciembre de 2008

EL ARTE DEL HORROR: LA GRAN GUERRA DE 1914 Y LAS VANGUARDIAS PICTORICAS

Hasta el próximo día 10 de enero de 2009, aquellos que vivais en Madrid tendeis la oportunidad de visitar una exposición que os recomiendo muy especialmente y que os confieso que me ha impresionado mucho. ¡1914! La Vanguardia y la Gran Guerra, que se puede ver en dos tramos, el primero de ellos en el museo Thyssen Bornemisza y el segundo, en el edificio de la Fundación Caja Madrid, en la Plaza de San Martin, muy cerca de la Puerta del Sol.
La Gran Guerra, o la Primera Guerra Mundial, que es como se la llama por parte de la mayoría de los historiadores, es uno de los fenómenos históricos que más me interesa, sobre el que no me canso de ver documentales, películas, leer tratados, libros, testimonios, etc. y que opino que fue el hecho histórico de mayor trascendencia para la historia de la humanidad reciente, más incluso que la Segunda Guerra Mundial por cuanto esta no fue sino una consecuencia de la Guerra de 1914. Un conflicto de naturaleza enormemente compleja, en el que confluyeron muchísimos factores y que fue el más devastador que el mundo había conocido hasta aquel momento.
La Gran Guerrra fue la primera guerra total de la historia. Fue la primera contienda en la que se efectuaron bombardeos contra población civil que se encontraba muy lejos de las primeras líneas de los frentes de combate, que movilizó todas las industrias a la producción y a la economía de guerra, en la que se usaron armas como el gas mostaza y en la que se demostró, más que en ninguna otra, la naturaleza criminal, inhumana y odiosa del militarismo y del imperialismo. Millones de jovenes fueron lanzados como auténtica carne de cañon a morir en operaciones concebidas desde confortables salones en los castillos de Francia o Alemania por comandante y generales asesinos que provocaron la más horrible masacre jamás pensada por la mente más enferma que pudiera darse.
Gran parte de Europa pasó hambre, epidemias, se diezmó a una generación entera y fue tal el dolor, la locura, el horror y la paranoia que se vivió qiue en aquellos años se pensó que aquella guerra era efectivamente el final del mundo civilizado. Mientras imperios dirigidos por dinastías milenarias caían ante la artillería franco-británica y los revolucionarios rusos asaltaban el palacio de invierno se anunció la destrucción del arte, de la cultura, de todas las manifestaciones de aquella sociedad enferma que había provocado la guerra de 1914.
Todas aquellas vanguardias radicales, dadaísmo, ultraísmo, surrealismo, cubismo, nacidas de aquella visión deforme del mundo de las trincheras hediondas, de los cuerpos reventados, de los gritos de insoportable dolor de los heridos en los hospitales de campaña, se muestran en parte en esta interesantísima exposición.
Comenzando con obras fechadas en 1913, antes del comienzo de la guerra, en especial por artistas italianos muy vinculados al futurismo, Gino Severini por ejemplo, es increíble como no solo presagian la guerra, sino que incluso la fuerza de sus trazos, de sus pinturas, expresan una corriente de opinión que en aquel momento aún tenía una visión de la Guerra no solo como algo inevitable, sino deseable, que iba a acabar con una sociedad decadente y envejecida que daría paso finalmente al futuro. Las pinturas de los artistas vincullados al grupo aleman Die Pathetiker como Meidner y Steinhardt son también muy expresivas en este sentido.
Un espacio muy singular es el llamado Vórtice de la Destrucción, que a mi juicio es el que contiene cuadros de mayor fuerza, que transmiten con más profundidad lo que esa guerra estaba significando para el mundo. Impresionantes retratos de una naturaleza que agoniza, de bosques con millones de arboles muertos, son vegetación, quemados por el fuego de las bombas, que traen a la memoria las impresionantes imágenes de los cementerios en Francia dedicados a los soldados muertos y con los que no dejan de guardar una semejanza. El horror de esa destrucción esta reflejado en mi opinión de manera especialmente lograda en el cuadro Verdún, pintado en 1917 por Felix Vallotón.
Toda la distorsión que la guerra produce también esta presente en la pinturas que no tienen como motivo las trincheras o los campos de batalla. Metropolis, de George Grosz, es un cuadro que tiene la capacidad de introducirte en la angustia, el caos y el desorden de la ciudad, de una ciudad que se ha convertido en otro campo de batallla más.
En definitiva, es una exposición que os recomiendo que visiteis. Es una experiencia dura, no son románticos paisajes impresionistas ni pop-art, son obras de arte que duelen, que desprenden sufrimiento, que sobrecogen y que para quienes somos antibelicistas y antimilitaristas, reafirman esas convicciones.
Escribo este blog en la tarde del día de nochebuena. Recordando las imagenes de la exposicion, ojeando viejos libros sobre la Guerra de 1914, me viene a la memoria un recuerdo, quizá el único recuerdo medianamente humano que aquella Guerra dejó, la celebre Tregua del día de Navidad. Tal noche como esta hace 94 años, arriesgandose a perder la vida en consejo de guerra -como les sucedió a muchos de los oficiales que participaron o consentieron en esa tregua- los soldados franceses y alemanes dejaron de disparar, salieron de sus trincheras y cambiaron cerveza bávara por queso de Camembert. Hasta las 12 de la mañana del 26 de diciembre de 1914, un puñado de hombres fue capaz de parar una guerra contra las ordenes de sus superiores en un gesto que nunca jamás volvió a verse en una guerra a gran escala.
Esta nochebuena, habrá más de 60 millones de personas que vivirán en países sometidos a guerras civiles, tribales, luchas por el poder de señores de la guerra y facciones enfrentadas por motivos que seguramente ni siquiera conocen. Y allí, en Irak, en Somalia, en el Congo, en el Kurdistán, ni siquiera habrá una tregua de Navidad, ni quizá nadie sobreviva para pintar en un cuadro el horror de esas guerras hijas de la masacre de 1914.